Pareciera que Bush ha sido “un ángel en el poder” al expresar en su oratoria el deseo de una ONU efectiva, respetada y exitosa, cuando la realidad demuestra todo lo contrario. Pide asimismo el cumplimiento de las resoluciones presentadas a la Organización. Supongo que será el primero en aceptar las diez resoluciones que exigen el cese del bloqueo a Cuba.
La duplicidad de moral de Bush se pone en evidencia una vez más. Fue una intervención vacía, carente de sensibilidad como tantas otras y sobretodo estúpida. Dijo que “Cuba está lista para su libertad. Y mientras esa nación entra en un período de transición, la ONU debe insistir en la libertad de expresión, la libertad de asociación y finalmente, elecciones libres y competitivas”.
Pero vale recordarle que la Revolución cubana es irreversible. Y que, amén de la política hostil implantada históricamente por su país y cuyo recrudecimiento se favorece con sus acciones, un país se levanta con sus ideas y crece prestigiosamente con su ejemplo ante el mundo.
A pesar de las trabas impuestas, Cuba sigue construyendo el socialismo. Su proceso electoral es diáfano y democrático. El espíritu de lucha constante está arraigado en su pueblo, este que cuenta con más de cuatro décadas de Revolución.
La respuesta está en la actitud asumida por la delegación cubana a la Asamblea de la ONU, quienes se retiraron del salón previo al discurso de Bush “en señal de profundo rechazo” y circularon una nota en la que alegaron que “es un criminal y NO tiene ni autoridad moral ni credibilidad para juzgar a ningún otro país".
El respaldo a esta nota está en la acusación que hizo la propia misión cubana al señor presidente W. Bush de ser responsable de la muerte de más de 600.000 civiles en Irak; autorizar la tortura de prisioneros en la Base Naval de Guantánamo y el secuestro de personas, así como vuelos clandestinos y cárceles secretas.